miércoles, 2 de junio de 2010

La conversión de San Pablo

Este cuadro se pintó en 1600 por Caravaggio.
Se supone que un mediodía, de camino a otra ciudad, fue derribado por el caballo a través de una poderosa luz, al tiempo que la voz de Dios le preguntaba ¿por qué me persigues?".Él quedó ciego varios días y milagrosamente recuperó la vista. De esta forma le convirtió y adoptó el nombre de Pablo. En cambio, esta misma historia, Caravaggio nos la cuenta de una manera diferente. En primer lugar, la escena parece tener lugar en un establo, dadas las asfixiantes dimensiones del marco. El caballo es un percherón robusto y zafio, inadecuado para el joven. El ambiente es nocturno y no el del mediodía descrito en los escritos de San Pablo.
La luz irreal y masiva que ilumina de lleno a Pablo, pero no al criado.
La mole inmensa del caballo parece venirse encima del caído, que permanecía con los brazos abiertos.
Los ojos del muchacho están cerrados, pero su rostro no expresa temor sino que parece estar absorto en el éxtasis.
Siguiendo estas claves, Caravaggio nos desvela magistralmente la presencia de la divinidad en una escena que podría ser completamente cotidiana.

Fragua de Vulcano


Pintado por Velázquez hacia 1630 en su primer viaje a Italia, fue posteriormente comprado por Felipe IV en 1634. El tema elegido está inspirado en las Metamorfosis de Ovidio: Apolo se acerca a la fragua de Vulcano para contarle la infidelidad de su esposa, Venus, con Marte. Al escuchar la noticia toda la fragua se queda petrificada. Velázquez ha introducido elementos del arte italiano, como se observa en las anatomías de los ayudantes de Vulcano, situados en diferentes posturas para demostrar el dominio de las figuras. También muestra interés por conseguir un efecto espacial, recurriendo a disponer figuras en diferentes planos, ocupando todo el espacio, relacionándose a través de líneas en zig-zag. La luz también ha experimentado un sensible cambio al modelar con ella las formas de los cuerpos que revelan la estructura de los huesos y músculos bajo la piel.

La incredulidad de Santo Tomás

La incredulidad de Santo Tomás es un cuadro pintado por Caravaggio en 1602. Fue pintado para los Giuliani. Nos muestra el momento en que Cristo Resucitado se ha aparecido a sus discípulos, pero Tomás no cree que sea sus señor, por lo que Cristo mete uno de sus dedos en la llaga del costado. Con este hecho, Jesús consigue que su apóstol crea su llegada del reino de los muertos. Caravaggio ha ejecutado una composición que converge completamente en el punto de la llaga con el dedo metido. Caravaggio utiliza mucho naturalismo, la luz fría cae en fogonazos irregulares sobre las figuras, iluminando el cuerpo de Cristo con un tono amarillento, lo que le hace parecer un cadáver.






La cena de Emaus - Caravaggio


Este cuadro fue pintado en el año 1600.
La escena de este cuadro narra los primeros pasos de Cristo resucitado. Habiendo encontrado éste a dos de sus discípulos en el camino a Emaús, los hombres no reconocen a su maestro hasta el momento de que se paran a cenar en una posada, y que después de que Jesús repartiera el pan y el vino reconocen el gesto de la Eucaristía y con ello, a su señor.
Criticaron varios detalles de este cuadro, uno de ellos es que en la mesa se encuentran frutos de Otoño y la resurrepción fue en Primavera, aunque, el pintor lo más probable es que lo hiciera apropósito porque cada fruta es una alusión simbólica: la manzana al pecado original, la granada a la pasión, etc.
Los gestos y las posiciones de los personajes también nos indican el verdadero significado de la escena: Cristo bendice el pan con el mismo gesto del Dios Creador del Juicio Final de Miguel Ángel. Pedro extiende sus brazos en el mismo gesto de un crucificado, como lo fue Cristo y como lo habría de ser el apóstol más tarde. Sólo los discípulos pueden reconocer el gesto de Cristo, por lo que el criado, ignorante de lo que está presenciando, no se ha descubierto la cabeza como haría si reconociera al Mesías. Un último detalle que revela la divinidad de Cristo oculta a los ojos humanos es la sombra que el criado proyecta sobre el fondo pero no sobre Jesús, quien parece iluminado por una luz interna.

Rapto de Proserpina

Una obra creada por Peter Paul Rubens, alrededor del año 1636.
Rubens intenta mostrar a través del cuadro la tensión provocada por el secuestro. Proserpina era una bella ninfa de la Plutón se enamoró. Éste no podía resistirse a sus encantos y decidió raptarla. Atenea, Venus y Diana acuden al escuchar la ansiada llamada de socorro de la ninfa, pero no pueden hacer nada para impedirlo. Plutón está en total tensión al sujetar a la joven, mientras los amorcillos indican el camino al carruaje que llevará a la pareja con destino al Hades, donde Plutón era rey. Todas las figuras están situadas en un primer plano, debido a la preocupación que tenía el pintor por el volumen. También utiliza las luces para aumentar dramatismo y para reforzar el brillo del colorido, trazando largas pinceladas.

Fontana di Trevi


Esta fuente, es la más importante y monumental de Roma. En 1629 el papa Urbano VIII, le pareció que esta fuente no era lo suficientemente dramática, asique pidió a Bernini que la renovase. El proyecto fue abandonado cuando Urbano VIII murió. Más tarde, en 1730, el papa Clemente XII organizó un concurso sobre la fuente. Los trabajos empezaron en 1732 y terminaron en 1762. Finalmente, la Fontana de Trevi fue terminada en 1762 por Giuseppe Pannini. Se situa en un trivio, por eso se llama Fontana di Trevi. La fuente se apoya en una de las paredes del palacio Poli. Este monumento queda amplificado por el contraste que hay entre sus notables dimensiones y la pequeña plaza donde está situada. El centro de la fuente representa el Océano, que parece emerger del agua sobre un carro tirado de tritones y caballos marinos. La tradición popular cuenta que quien lanza una momeda de espaldas a la frente, con la mano derecha, regresarán a Roma a lo largo de sus vidas, al menos una vez.


Extasis de Santa Teresa


Esta obra fue esculpida por Bernini, desde el 1647 al 1652, se encuentra en la capilla de Santa Maria della Vittoria de Roma.
Bernini, hizo los ejercicios espirituales prescritos por San Ignacio.
Según ella misma, un ángel la visitó armado con un dardo rosado acabado en una punta de llama. El ángel clavó varias veces el dardo en su corazón produciéndole un dolor intenso, pero dejándola a la vez consumida por el amor de Dios. Bernini nos ofrece justo el momento en que el ángel levanta el dardo para volverselo a clavar.
Cuando nos arrodillamos en la capilla el artista ha creado ante nuestros ojos esta visión. De hecho, el grupo escultórico de la santa y el ángel es sólo una parte de la visión total. La santa, esculpida en mármol pulido blanco, cae desvanecida hacia atrás sobre una nube de color más oscuro, mientras los rayos dorados de la iluminación divina se esparcen desde arriba, iluminados por una ventana oculta. En la bóveda superior, los cielos se abren revelando más ángeles. Y la autenticidad de la visión queda reforzada por la irrupción de la estructura arquitectónica hacia nosotros y por la presencia de las figuras de fieles esculpidas en balcones a cada lado de la capi­lla poco profunda.